Vuelve al camino, rociero

Se consumó el Sacrificio
y podemos ir en paz
con la compaña de Cristo
en nuestro peregrinar.
Pisa fuerte en el sendero,
que no se pueda borrar
esa huella, rociero,
que vas dejando al pasar.

Vuelve al camino, romero,
que ya todo terminó,
y echa tus penas al viento
que vas bendito de Dios.
Y el Pastorcillo Divino,
rociero como yo,
ha venido hasta el camino
a darme su bendición.

Adiós, mi Blanca Paloma,
fuente clara de mi amor;
a la hora del regreso
me duele decirte adiós.
Y la Virgen del Rocío,
que no me quiere dejar,
se me coló en los “sentíos”
y alumbra mi caminar.

Silencio en el campanario
y en la voz del tamboril:
sólo queda una palabra
que nadie quiere decir.
La marisma se ha “encogío”
y no cabe en el pinar;
esa pena como un río
de la gente que se va.