Padre nuestro en el rocío

Padre nuestro que estás en los cielos
y está’ en la entrañas
de cada rincón marismeño;
tu nombre, que es Santo,
florece en los labios del pueblo
que en ti se confía
esperando la luz de tu Reino;
rocieros que escuchan tu voz
igual que en el cuelo.

Haz que grane la espiga en la tierra
que tanto queremos
y danos el pan de este día
si lo merecemos.

Y perdona, Señor, nuestras culpas,
que aunque somos de barro y caemos,
perdonamos también
a quien siembra de espinas
el largo sendero.

No permitas que la tentación
nos ciegue de nuevo
y libera a tu pueblo del mal.

Líbranos,
libra del mal a tu pueblo.
(Bis)