Vos sos el Dios de los pobres,
el Dios humano y sencillo,
el Dios que suda en la calle,
el Dios de rostro curtido.
Por eso es que te hablo yo,
así como habla mi pueblo,
porque sos el Dios obrero,
el Cristo trabajador.
Vos vas de la mano con mi gente,
luchás en el campo y en la ciudad,
hacés fila allá en el campamento
para que te paguen tu jornal.
Vos comés raspado allá en el parque,
con Eusebio, Pancho y Juan José
y hasta protestás por el cirope
cuando no te le echan mucha miel.
Yo te he visto en una pulpería,
instalado en un caramanchel.
Te he visto vendiendo lotería,
sin que te avergüence ese papel.
Yo te he visto en las gasolineras,
chequeando las llantas de un camión
y hasta patroleando carreteras
con guantes de cuero y overol.