Oh, yo quiero que esa luz que un día en mí prendió
jamás se esconda ni se apague su fulgor.
Oh, yo quiero que mi amor ayude a los demás
al caminar por este valle de dolor.
En mi alma henchida de divinidad,
palpitando el mismo palpitar de Dios,
hay un resplandor, hay un cielo azul,
hay un hondo respirar de eternidad.
Cuando soy un sol que va estallando en luz y mi cuerpo es templo donde habita Dios, todo el cielo esté en mi corazón
empapándose de vida y de calor.